MUSEO REGIONAL DE PREHISTORIA Y ARQUEOLOGIA DE CANTABRIA
El
museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, fue fundado por el
Dr. Carballo, siendo su primera instalación el Palacio de
Sobrellano del Marqués de Comillas de dicha localidad. En 1.926 fue
inaugurado por S.M. el rey Alfonso XIII en los locales del Instituto de
Enseñanza media de Santander, y allí permaneció hasta
que en 1.941 se instala con "carácter provisional", en el
lugar que ocupa actualmente.
La Prehistoria y la Historia de Cantabria hasta la Edad Media, están reflejadas a lo largo de una sala de exposición. Sus colecciones se encuentran constituídas por los objetos que dan testimonio de la vida y costumbres de nuestros antepasados. La fauna del Cuaternario también queda representada con algunos ejemplos en las vitrinas del Museo.
De
época PREHISTÓRICA, podemos encontrar los conjuntos
industriales de la cueva de El Castillo, del Paleolítico Inferior,
más concretamente del Achelense, primeras evidencias de la ocupación
humana en Cantabria (100.000 a.C.)
El Paleolítico medio, se corresponde con el Musteriense (100.000 a 35.000 a.C.), siendo los objetos más comunes las raederas y las puntas de sílex procedentes de las cuevas de El Castillo, Morín, Hornos de la Peña o Pendo.
El mejor conjunto de materiales que conserva el
Museo pertenece al Paleolítico Superior (35.000 a 8.000 a.C.), periódo
en el que los útiles alcanzan su máxima perfección y
diversidad.
Sobresalen las finísimas puntas solutrenses de las
cuevas de Altamira, la Pasiega o Morín.
durante este periódo surge el primer arte de la historia de la
Humanidad: el arte rupestre (realizado en las paredes y techos de las
cuevas o abrigos) y del que encontramos en Cantabria los mejores ejemplos
(Altamira, Castillo, Monedas, Hornos de la Peña, Covalanas, etc. )
y el arte del mueble (ejecutado sobre objetos), del que conserva el Museo
una de las más ricas colecciones a nivel mundial, destacando las
piezas de las cuevas de El Pendo,
El Castillo, Altamira, etc. con sus magníficos bastones perforados,
azagayas, arpones, espátulas, omoplátos y otras piezas sobre
las que se representan figuras animales y gran variedad de signos.
Durante el Epipaleolítico (8.000 al 4.000 a.C.) se desarrollan nuevas culturas, evolución de las anteriores, como el Azilense, presente en los materiales de la Cueva del Piélago, con arpones planos y una industria lítica de diminutos tamaños.
Paulatinamente, irán surgiendo culturas en las que aparecen la cerámica y se cultivará algún tipo de grano, entrando en un nuevo periodo, el Neolítico (4.000 al 3.000 a.C.). De esta época están expuestas, entre otros materiales, una buena cantidad de hachas pulimentadas.

Con
el descubrimiento de la metalurgia se produce un gran cambio en las formas
de vida. Del Calcolítico y la Edad del Bronce regionales (2.000 al
700 a.C.), se conservan algunas piezas metálicas, que por su forma
se pueden atribuir a estas etapas, destacando las hachas de talón y
anillas de Escobedo de Camargo, Novales o San Vitores, la espada de
Entrambasaguas, el puñalito de El Castillo o el caldero de Cabárceno.
El final de la PREHISTORIA se corresponde en
Cantabria con la Edad del Hierro;
es la época de formación de los cántabros, pueblo con
el que se enfrentó Roma y cuyas piezas más destacadas y
representativas son, por su tamaño y excepcionalidad, las grandes
estelas.
Una vez finalizadas las guerras cántabras (19 a. C.), y ya en época HISTORICA, Roma pudo acometer una política de explotación económica en todo el territorio conquistado, aunque las reformas llevadas a cabo, no pudieron "romanizar" las formas de vida, creencias o costumbres de los cántabros.
De los materiales arqueológicos romanos en Cantabria, los restos que podemos contemplar en el Museo, proceden principalmente de Julióbriga y Castro Urdiales, con cerámicas de variada tipología, pendientes, vidrios, monedas, hebillas, tesellas de mosaicos, lucernas, pequeñas esculturas de bronce, así como otros objetos diseminados por la región, estelas o lápidas funerarias, aras (altares) y ánforas.
De
la Edad Media, se pueden observar algunos anillos y el excepcional "broche
de cinturón", trabajado en hueso de Santa María de
Hito. Uno de los restos más característicos de esta época
son las necrópolis o cementerios medievales de los que proceden las
estelas funerarias, de muy diversas formas, expuestas en la sala
(Espinilla, Retortillo, Celada Marlantes...).