TRADICION Y COSTUMBRES
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TIPISMO
DE LAS VIVIENDAS EN CANTABRIA
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TIPISMO DE LAS VIVIENDAS EN CANTABRIA
Un detalle muy expresivo de la personalidad de un pueblo es la casa que habita, en la cual confluyen multitud de factores: geográfico, climático, económico, técnico, histórico, artístico y social.
En
Cantabria la más tradicional es la "casa rural". Y la más
característica es la de planta rectangular, con fachada sur abierta
a la luz y al sol, mientras que otros tipos ofrecen muros de mampostería
tosca con pequeños huecos de sillería. La entrada se hace a
través de un portalón con uno o dos arcos y capacidad
suficiente para guardar carro, leña y aperos de trabajo y que dan
paso al "estragal", a partir del cual se distribuyen la cocina,
cuadra, bodega, despensa y escalera al piso superior. En éste están
los dormitorios, de los cuales los dos principales, además de la
sala central, dan a la "solana", esto es un balcón
corrido con barandilla de madera.
Sobre este modelo, cuyas muestras más puras se encuentran en las antiguas Asturias de Santillana, se ejecutan todo tipo de variantes: solanas acristaladas en Campoo, balcones y buhardillas en la costa, grandes vanos para granero en Liébana y la humilde cabaña pasiega.
Tan típica como la anterior es la casa-palacio de estilo sobrio pero elegante y que tantos y tan grandes canteros que ha dado esta tierra han edificado en todos los rincones de la región, y que llaman la atención del visitante como uno de los patrimonios tipicamente regionales. Así, otros grados de riqueza y complicación surgen en la sencilla casa popular y en las hidalgas casonas, hasta llegar a la casa solariega y el palacio; éste suele integrar una torre de remoto orígen, e incluye también una capilla.
En la actualidad muchas de estas viviendas siguen estando en uso, y otras son restauradas generalmente con acierto y fidelidad a los modelos.
Vuelta al tradición y costumbres.
Abundan
en Cantabria el hierro y la madera, y de ambos materiales se hacían
los objetos tradicionales de la vida doméstica y del trabajo rural,
el cuévano pasiego y la albarca carmoniega son piezas que aún
hoy se utilizan. Otros van siendo sustituídos por productos de la
industria. Son útiles para el ganado (yugos, cebillas), el trabajo
en el prado (rastrillos, carros de curiosas y fuertes ruedas), la
manipulación de la leche (colodras), la fabricación de la
mantequilla y el queso (moldes, mantequeras, saleros). Piezas mayores de
la artesaría cántabra son los muebles de madera de roble o
castaño, de un estílo típicamente montañés:
patas torneadas, paños con cuarterones, decoración a base de
talla sobre dibujos geométricos circulares y exagonales o
estilizaciones vegetales, y ensamblaje por espiga y cola de milano.
Cabezón de la Sal y Santillana albergan unos cuantos talleres en los que es posible encargar, sin prisas, bellos y elegantes modelos de camas, mesas y armarios.
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A lo largo de todo el año, pero con especial intensidad entre San Juan y San Miguel, se suceden por los pueblos las fiestas en las que se aúnan tres tipos de atracción: la celebración religiosa en honor de los santos patronos o de la Virgen del lugar, las diversiones paganas con mayor o menor pervivencia de lo tradicionalmente folklórico, y los tratos comerciales de las ferias de año. Romerías, músicas y bailes, cultos sagrados, competiciones deportivas, concursos folklóricos y de ganado, mercado, atracciones mecánicas, teatros y circos ambulantes, componen una estampa clásica que se repite con escasas variaciones.
Tanto
los cantos como las danzas tradicionales de la Montaña, y aún
el traje regional, son de una elemental elegancia, pero junto a las
simples marzas, mayas y picayos (casi escuetos recitados) encontramos
otras manifestaciones más complicadas, como la danza de Ibio, el
Baile de las Lanzas (en Ruiloba), el Pericote y el Trepeltré (en Liébana).
Las melodías vocales para solistas o coro a una voz se acompañan rítimicamente a base de pandero, tarrañuelas, pito, tamboril, y rabel. Este instrumento merece una especial atención por su carácter antiquísimo y elemental, pese a lo cual artistas tan cabales y espontáneos como "Lin el Airoso", en Campoo, o Pedro Madrid, en Polaciones, saben extraer de él sentidas melodías.
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La cocina cántabra se nutre como no podía ser menos, de los elementos que le ofrecen directamente el mar y la tierra; estos son el pescado y el marisco por un lado y la carne, que gracias al aumento de la producción de la cabaña en la región supone un importante peso económico. Fácilmente deleitoso resulta el botín del pescador de río: la sólida trucha y el exquisito salmón. No hay que olvidar los durante siglos olvidados quesos con su variedad y calidad.
El
mar proporciona buenos pescados, algunos de los cuales son llevados a
capitales del interior y otros a buenas mesas de restaurantes cántabros:
salmón, merluza, besugo, bonito, lubina y lenguado entre los
grandes, y entre los pequeños sardinas, bocartes, angulas, y como
no, las grasientas y sabrosas anchoas que requieren muchas artes de pesca,
pero que después son llevadas al salazón de las fábricas
y después exportadas al mundo entero. No en vano, en 1.623, el
Principe de Gales vino a las costas santanderinas atraído por la
fama de las capturas.
La forma de cocinar el pescado es similar a la típica de todo el norte, quizá más sencilla; ello implica la ventaja de que sus sabores naturales no está disfrazados con ciertas salsas y guarniciones. El bonito, que goza de justa y merecida fama y que tuvo sus inicios al cocinarlo en los propios barcos pescadores, se denomina de diversas formas, dependiendo del lugar: marmita en Laredo, marmite en Santoña y sorropotum en San Vicente de la Barquera. Las sardinas llegan al crepitar de las brasas con aire típico pero conservando todo su sabor. El percebe y el congrio son los reyes de los mariscos autóctonos, pero sin duda el aficionado puede ser servido a satisfacción de las demás especies en cualquier lugar de la costa.
La caza ofrece un par de carnes para estómagos
valientes: venado y jabalí. Pero como entrada, cualquier
restaurante de tierra adentro incluye en su carta, con orgullo, el plato
regional: cocido montañés ó lebaniego con otras
características. Se trata de una versión de ese plato único,
que con distinta variantes, se repite en las distintas regiones de España
(y en otras naciones) a base de aprovechar materias primas vegetales que
abundan en cada zona. En nuestro caso, se echan en una misma olla alubias
blancas y berzas, carne de vaca, tocino entreverado, morcilla y chorizo;
de adorno para dias extraordinarios, pueden ir unos trozos del recio jamón
de Potes. Párrafo aparte merecen los quesos. El de nata de leche de
vaca, que se hace en las cuencas del Pas y del Miera, puede considerse
como el queso montañés por excelencia.
Los hay también vecinos de sus hermanos, los de Asturias, y hay por
ello semejanzas entre el de Cabrales y el queso de Picón, eleborado
en los pueblos de Bejes y Tresviso, con denominación de origen. Son
quesos madurados en cuevas, a temperaturas frias, entre los 4 y 8 grados.
El de pido que se realiza en la comarca de Liébana, es un queso
fresco y blanco, muy graso y con fuertes aromas de mantequilla. También
se elabora un queso denominado Cantabria, un queso de nata, suave y
blando, y similar a otro que se efectúa en el valle de Pas. Es un
queso fragil y de corta conservación y tiene un sabor dulzón,
graso y perfumado. En el monasterio de Cóbreces, se elabora un
queso con leche de vaca por los monjes cistercienses, ligeramente salado.
De menor producción son los quesos lebaniegos, básicamente
de leche de oveja: el de Aliva (duro y ahumado), los quesucos de Lebeña
(sin prensar ni salar) y el Picón ya mencionado.
Despues
de la comida los postres, con leche como materia prima fundamental en la
repostería montañesa. Además de mantequilla, natas,
cuajadas requesones y leche frita, la leche de vaca tambien es ingrediente
importante en los dulces típicos de la región: los "sobaos"
y la quesada pasiegos, las "pantortillas" de Reinosa, los
corazones y los "sacristanes" de Liérganes y La Cavada,
las "corbatas" de Unquera y San Vicente de la Barquera.
Por último, poco hay que decir en el capítulo de los vinos y licores. Sin contar con el anís de Udalla, sólo Liébana produce vino directamente de las viñas cada vez más escasas: el "tostadillo", dulce y ligero. Gran fama tiene el orujo de Potes ó Lebaniego, de muchos quilates y agradable aroma, cons sus más de 40 grados y franco paladar que se enriquece acompañado de una infusión de té en los puertos.
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Cantabria
es tierra de abundante vegetación sólo escasa en las cumbres
calizas o en las tierras altas y secas del interior, donde predomina el
matorral y los prados alpinos. En los valles de condiciones climáticas
más favorables, la vegetación natural originaria ha ido
desapareciendo a medida que la roturación y los cultivos de
hortalizas, maíz, patatas y praderías artificiales se fueron
extendiendo; a la vez, los montes cercanos al mar se cubrieron de pinos y
eucaliptos para un aprovechamiento económico rápido. El
eucalipto tiene un siglo escaso de implantación en nuestro país,
y fue traído desde Australia, pero es tan abundante en alturas de
hasta 600 metros que configura grandemente el paisaje. A mayor altura y
distancia de la costa, los verdaderos árboles cántabros
dominan: hayas, robles, encinas y, en menor medida, castaños,
nogales, alisos, plátanos y tejos. Algunos tienen dimensiones
monumentales, y asemejan nobles ídolos de una ancestral religión
basada en la adoración a la madre naturaleza, encarnada en estos árboles.
| EXISTENCIAS TOTALES DE ARBOLES POR ESPECIES: | (año 1.992) |
| Eucaliptos | 24.593.966 |
| Robles | 15.317.222 |
| Hayas | 14.329.445 |
| Coníferas | 9.736.008 |
| Encinas | 1.685.131 |
| Otros | 26.681.210 |
| NUMERO TOTAL DE ARBOLES | (Año 1.992) 97.309.277
(Año 1.972) 92.342.982 |
Otra expresión del feliz equilibrio entre la obra del hombre y la naturaleza es la constituida por la fauna que puebla el territorio cántabro. Con ser región fundamentalmente ganadera, es tambien muy rica en animales salvajes. Es notable la variedad de especies de pelo y pluma que se alberga en los bosques de las zonas más montañosas, especialmente en Liébana y los Picos de Europa y en las tierras a su alrrededor: el conjunto está oficialmente protegido bajo la denominación "Reserva Nacional de Saja". Por los desnudos roquedos de los Picos habitan rebaños de rebecos, interesantes, tanto por sus sorprendentes capacidades para moverse ágilmente por entre los afilados riescos calizos, como por su organización social con rígicas jerarquias y separación de sexos; como también es notable el treparriscos, ave reliquia que vive milagrosamente en las paredes verticales de roca. En los montes de Saja, además de las especies controladas, son infinidad las de pájaros e invertebrados existentes, formando, junto con una vegetación donde dominan hayas y robles, un ecosistema en perfecto equilibrio.
RESERVA NACIONAL DE SAJA
Superficie: 180.186 hectáreas.
Especies
cinegéticas con autorización para cazar: Ciervo, corzo,
rebeco, jabalí, lobo, liebre, perdiz roja, perdíz pardilla,
becada, tórtola, codorniz, paloma torcaz.
De interés cinegético y caza no autorizada: Oso
y urogallo.
Predadores sometidos a protección: Gato montés,
armiño, nutria, marta, águila real, águila culebrera,
milano real, ratonero, gavilán, azor, halcón común,
cernícalo, lechuza, mochuelo, cárabo, buitre común,
alimoche.
Otras especies cuyas poblaciones están
sometidas o controladas: Zorro, tejón, gineta, garduña,
comadreja, ardilla.
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JUEGOS Y DEPORTES
Dos deportes gozan de una especial afición entre los cántabros del mar y de la montaña: el remo y los bolos. Ambos son exclusivos de las regiones de la cornisa cantábrica, y el segundo puramente montañés, como así se conoce para diferenciarlo del de otros lugares.
El
remo sobre banco fijo apasiona a los pueblos costeros. Las regatas de
traineras y trainerillas se celebran por el verano a lo largo de los
puertos cantábricos, unas en las tranquilas aguas de dársenas
y bahías, otras con difíciles tramos de mar abierto, a la
disputa de las codiciadas banderas de cada población o de los
campeonatos provinciales y nacional. En Cantabria son famosos los remeros
de Pedreña, Castro, Peñacastillo, Santoña, Laredo y
Santander.
Otra vertiente si cabe menos de "equipo" es el deporte de las piragüas que discurre por los en que en unos tramos son rocosos rios y en otros apacibles y caudalosos, que hacen de éstas competiciones un atractivo descenso por sus aguas. Dependiendo de las categorías sus participantes son una ó dos personas de distintas edades y sexos. Del bolo-palama podría decirse que es el deporte nacional de la Montaña.
Afortunadamente, la afición va en aumento, y
durante la primavera, el verano, y aun el otoño, se suceden las
competicones oficiales y un sin número de concurso patrocinados por
casas comerciales o por las propias Peñas, que forman sus equipos
con especial cuidado.
Deporte-juego de muy estrictas reglas, exige una mezcla de habilidad y
fortaleza, y un control de los nervios y de la tensión emocional
producida por los fallos y los aciertos ajenos; el público, además,
ha de comportarse con extremada corrección hacia los protagonistas,
empezando por el silencio absoluto al tiempo de lanzar las bolas y
acabando por los aplausos a las buenas boladas de ambos contendientes.
Como es obvio, los deportes de difusión nacional también
tienen, en mayor o menor medida, sus practicantes en Cantabria. El equipo
de fútbol del Real Racing Club de Santander y algunos jugadores que
aquí se han moldeado tienen una larga y dispar trayectoria en las
ligas nacionales. La bicicleta cuenta con numerosos aficionados; también
en Cantabria surgieron algunas de las figuras míticas de los
tiempos heróicos del ciclismo. De entre ellos, Vicente Trueba, "la
Pulga de Torrelavega", que causó asombro en el Tour de Francia
e inició la fama de buenos escaladores con que han venido contando
los ciclistas españoles.
En otros variados deportes han logrado los montañeses galardones internacionales: citemos entre los más recientes los conseguidos por los velistas Abascal y Gorostegui, Cionín Villagrá en patinaje artístico sobre ruedas y Severiano Ballesteros en golf. Caza y pesca cuentan con abundantes y fieles practicantes. La Reserva Nacional del Saja disponde de condiciones y escenario óptimos para la caza mayor, y los ríos de la provincia, con 144 kilómetros de orilla acotados, ofrecen los codiciados salomones y abundantes truchas. Por último, habremos de citar las magníficas oportunidades que los deportes de montaña tienen en Cantabria: esquí, alpinismo y espeleología.
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